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Eres una sinvergüenza y una mentirosa.


Ahora que corren tiempos en los que cualquiera puede ser juez, porque la lógica, solo la lógica, justifica que el Estado de Derecho salga por la ventana y, en los que la llamada – propia de la selva- a que los Jueces del Poder Judicial perciban el sentir de la sociedad, quedamos a un paso de los Ronald Freisler de turno y de sus Tribunales Populares; instituciones de las que por cierto hay noticia en la historia de España, pero que hoy no nos ocupa, sorprende (solo a quien llegue tarde a ver la película) lo del sentir y las libertades, solo las libertades, que parecen no tener ningún contrapeso en forma de obligación. 

Y leemos en la SAP GRANADA 322/2017, Sección 2ª, 13 de junio de 2017 (ROJ SAP GR 704/2017):


Queda probado, y así se declara, que en la mañana del día 24 de noviembre de 2.015 la acusada Penélope acudió a la sede de la oficina judicial del Juzgado de Primera Instancia ………, y una vez en su interior entró en el despacho de la Sra. Letrada de la Administración de Justicia, Dña. Africa, que se encontraba en ese momento en el legítimo ejercicio de sus funciones, y dentro del mismo, a voces, y después de preguntar a la misma por cierto escrito que había presentado, le profirió expresiones tales como "estás de mierda hasta el cuello", "eres una sinvergüenza y una mentirosa", "tienes mucho que ocultar", "haces lo que te da la gana para fastidiar", "voy a Fiscalía para denunciarte", expresiones y voces que la misma continuó profiriendo fuera del despacho de la Letrada de la Administración de Justicia pero dentro todavía de la oficina judicial.

La resolución, dictada en apelación, confirmó la condena por un delito de injurias a la pena de cuatro meses de multa a razón de una cuota diaria de seis euros (en total 720 euros) y al pago de las costas causadas. Y señala:


Así las cosas y desde esta perspectiva, tal como decíamos en el párrafo anterior aceptando la calificación delictiva por la que fue condenada en la instancia, lo ocurrido, es que la acusada contrariada con una decisión procesal dentro de un procedimiento de apremio, que le era adversa a sus intereses, sin interés en combatirla formalmente en derecho, reaccionó de modo intencional y vindicativo la resolución que le era perjudicial emitida por la titular de la Secretaría del juzgado de 1ª Instancia que la acusada sirve con estatuto de autoridad en el ejercicio de sus funciones, primero en su despacho y luego en la oficina para ser oída por todos, faltó grave e injustificadamente y de modo desproporcionado al honor, al respeto debido, así como a la fama y a la consideración y a la propia estimación pública, que tanto en el ámbito personal como en el profesional pues, conforme a nuestra doctrina constitucional, uno y otro valor jurídico constituyen parte del patrimonio moral de toda persona, que protege este tipo penal y contra el que la acusada de modo deliberado, vengativo y desinhibido, actuó, lesionándolo de manera grave, dado el tenor de las ofensas injuriosas proferidas contra quien se encontraba en el legítimo ejercicio de sus funciones al servicio de la Administración de Justicia, y cuya honorabilidad, probidad y profesionalidad quiso mancillar con expresiones como " estás de mierda hasta el cuello, eres una sinvergüenza y una mentirosa, tienes mucho que ocultar ..haces lo que te da la gana para fastidiar " etc., honor, con imputaciones a su labor profesional en el ejercicio del servicio público de la Administración de Justicia al que los letrado/as de la Administración de Justicia, en el ejercicio de su cargo actúan con la condición estatutaria de Autoridad pública ( Art. 1 del Real Decreto 1608/2005 , de 30 de diciembre).

Sentado ello, la apelante negó los hechos, alegó versiones contradictorias y, subsidiariamente opuso al delito imputado su derecho a la libre expresión de la crítica a la labor de la ofendida - perjudicada, y a emitir libremente sus opiniones (sic). El alegato defensivo no resulta admisible. Al contrario, la STS de la sala 2ª de nuestro Tribunal Supremo de 25 de mayo de 2016, ya advertía que:


es doctrina reiterada del T. Constitucional que el ejercicio de la libertad de expresión no puede justificar sin más el empleo de expresiones o apelativos insultantes, injuriosos o vejatorios que exceden del derecho de crítica y sean claramente atentatorios para la honorabilidad de aquél cuyo comportamiento o manifestaciones se critican, incluso si se trata de persona con relevancia pública, pues la Constitución no reconoce el derecho al insulto. De la protección del art. 20.1.a) C.E. Están excluidas las expresiones absolutamente vejatorias, es decir, aquéllas que dadas las circunstancias del caso y al margen de su veracidad o inveracidad, sean ofensivas u oprobiosas y resulten impertinentes para expresar las opiniones o informaciones de que se trate.

No entraré en el análisis de la sentencia, tampoco en las formas en las que la Sra. Penélope se dirigió a la compañera, ni en lo que le parece el asunto a quien redacta estas líneas, pero teniendo en cuenta que tres Magistrados de la Audiencia Provincial de Navarra salen a la calle con escolta y que día sí, día también, personajes y pancartas, que tanto da, se lanzan a la caza de cualquier resolución judicial, tenemos un problema con las reglas del juego de notable relevancia, porque desde tiempos inmemoriales la Justicia se dedica a resolver un conflicto entre dos partes, no a darle la razón al que grita más y, últimamente hay demasiada gente gritando y demasiado inconsciente poniendo cámaras de televisión y altavoces al alcance del chillido.

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