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¿Se ha leído usted la Sentencia de la Audiencia de Navarra?


Ha faltado tiempo para sacar a la gente a la calle con no sé qué pancartas y para que opinadores de toda clase y condición, pero incapaces de definir el dolo eventual, se lancen, mejor dicho, lancen toda suerte de improperios contra los tres Magistrados de la Audiencia de Navarra y su sentencia de 371 folios, que habrán leído cuatro y comprendido alguno, en una batalla que la Administración de Justicia tiene perdida antes de comenzar y que además no debe librar. 

La prensa en papel y los periodistas especializados en tribunales han desaparecido ya y los pocos que quedan (alguno hay) no pueden competir con internet y las televisiones, ni por tanto transmitir a la sociedad o a quien sea, una información rigurosa sobre este asunto o sobre cualquier otro parecido. Antes al contrario, se busca el mensaje fácil, que exija nulo esfuerzo intelectual y, por tanto, que permita una respuesta de similar inteligencia; actividad que tampoco tiene nada de novedoso y que arrastra el periodismo al espectáculo cuando no a la propaganda. De hecho la simple pregunta de ¿qué le ha parecido la sentencia de la Audiencia de Navarra? no se contesta con otra pregunta ¿usted se la ha leído? o, con una repregunta ¿me podía explicar porque condenan por lo que han condenado?, sino con una respuesta inducida: una violación es una violación. Evidentemente todos estamos de acuerdo con eso, pero ese no es el debate.  

Escribe Pedro Baños, en el ensayo Así se domina el mundo, que entre las técnicas de control de una sociedad tendríamos la neutralización y la contención en un procedimiento en el que serían complementarias. La segunda, que es la que ahora importa, consistiría en que la presión social atenace por completo y de tal manera a las personas que no se atrevan a opinar en contra de las líneas de pensamiento dominantes por temor a ser sometidas a aislamiento, marginación o incluso a su completa aniquilación social. La idea central es que, en una sociedad donde las opiniones políticamente menos correctas son sistemáticamente silenciadas por los medios de comunicación, serían los propios individuos —al no ver reflejados sus pensamientos y sentimientos en ellos— quienes asumirían que sus ideas no serían acordes al pensamiento mayoritario y, optaría por no compartirlas en público, para evitar así el rechazo social por parte del resto de la población, convencidos de que la mayoría pensaría diferente a ellos. 

Al fin y al cabo una de las diez estrategias de la manipulación mediática de Sylvain Timsit consistiría en mantener al público en la ignorancia y la mediocridad, esto es, hacer que sea incapaz de comprender las técnicas y métodos utilizados para su control y su esclavitud, comenzando por una educación deficiente de las clases más bajas para que queden sometidas a las élites. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad: promover entre la gente que está de moda ser estúpido, vulgar e inculto

Y ¿qué sería lo importante en este asunto? En primer lugar la desastrosa técnica legislativa que padecemos desde hace varias generaciones: no hay proyecto de ley que no se someta a toda clase de componendas en el Congreso de los Diputados y conviene recordar esto porque en España los Jueces están sometidos al imperio de la ley, aunque en ocasiones (demasiadas) no merezca el texto en cuestión su catalogación como tal. 

En segundo lugar, que tanto la presunción de inocencia como la prueba en el proceso penal no tienen ninguna relación con la opinión pública y esto es esencial porque no hablamos aquí de un fuera de juego en un partido de futbol, sino de delitos, victimas y de penas de prisión. Victimas a las que por cierto se las deja siempre a su suerte, salvo cuando interesa lo contrario, como es el caso. Resulta llamativo que quienes hace semana y media rechazaban la prisión permanente revisable, hoy postulen la legislación en caliente, el incremento de penas y hagan reaparecer la palabra “violación”, que tanto reprobaban hace veinte años. 

En tercer lugar, que ni la desastrosa técnica legislativa, ni la intervención de los medios de comunicación tiene solución. La segunda porque sería fácil socavar la libertad de información y de expresión, aunque como dijo Lenin la tan manida libertad de prensa no es más que la libertad del dueño de la imprenta; mientras que la primera requeriría un ejercicio de humildad que ningún parlamentario asumiría o, dicho más claramente: cualquiera, desde un pastor hasta un ingeniero de telecomunicaciones, podría ser un excelente político con un equipo de profesionales que le asesorasen. Aquí, como sabemos, los parlamentos funcionan como estupendas agencias de colocación de amigos y parientes varios. 

Por último y en cuarto lugar, la Administración de Justicia debe salir de una vez del atraso que padece y explicar a la sociedad qué es lo que hace y porque. Y sí hay que ir a ferias, congresos y jornadas de puertas abiertas se va y se informa de las razones por las que tres Magistrados han dictado esa sentencia de 371 folios. Lo hace el Ejército y la Policía y, por cierto, con notable éxito de crítica y de público, pues basta comprobar cómo reaccionan algunos políticos cada que se anuncia su presencia en determinados eventos. Mientras no hagamos eso o algo parecido ya que los gabinetes de prensa de los Tribunales Superiores de Justicia no son capaces de hacer de contrapeso objetivo en estas situaciones, deberemos seguir soportando el juicio de la calle.

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