El embarguito de un cochecito.


Llegó el viernes pasado una comunicación de no recuerdo qué Policía Local comunicando que teníamos en su depósito lo que en el año 2002 debió ser un vehículo y que, con el paso del tiempo, se había transformado en una especie de metal retorcido y oxidado que haría las delicias del director de cualquier museo de arte contemporáneo. El caso es que después de largas meditaciones llegue en el año 2001 a la conclusión que el embargo de un coche (las furgonetas se las quedan las URE, los Juzgados de lo Social y supongo que algún Mercantil) tenía la misma eficacia que la de una cometa y que puestos a sacar algo del embargo lo lógico era enganchar el artefacto en cuestión y dárselo al ejecutante. 

Ni que decir tiene que la idea precisaba de cierta traducción jurídica, pues lo de identificar al depositario con el ejecutado tuvo también mucho predicamento en la práctica de nuestros Juzgados. Y faltaba la intervención de los Registradores que empeñados en identificar el Registro de Bienes Muebles (por definición cosas que se mueven o, que pueden cambiar de sitio) con el de Bienes Inmuebles (me ahorro la definición del bien), se sacaron de la calificación una cosa parecida a un embargo que recae sobre la nada y, que solo garantiza la anotación en el Registro, porque al día de la fecha, uno que lleva años, no ha sido todavía capaz de localizar una “posición jurídica del demandado”. Traté este asunto hace años y no volveré sobre él. 

En este punto y después de atender las recriminaciones sobre la falta de tutela judicial (y del solo se hace en este Juzgado, aforismo que tarde o temprano integrará el art. 24 CE), una comunicación de la Presidencia de la Audiencia Provincial, creo del año 2009 y de no pocos folios, advertía del inicio de un expediente de achatarramiento de todos los vehículos que embargados por los Juzgados aguardaban su destino en el depósito de la Policía Local. En ese año mi Juzgado no tenía un solo vehículo pendiente de salvarse en una película de Pixar y hoy tampoco lo tiene. 

Y claro que embargamos vehículos, pero los que pueden trabarse con alguna probabilidad de éxito, porque viene al caso recordar que por mucho que digan Abogados y Registradores el bien en cuestión es el único que pierde valor desde el momento de su matriculación y, de ahí que sea esencial la antigüedad y la aprehensión, o sea, que cuando la antigüedad pasa de los cinco años hay que pensarse la traba (si es más de diez ni lo intenten) y emplear tablas que publica el Ministerio de Hacienda para un cálculo aproximado y, en segundo lugar, acordado el embargo toca oficiar a la Policía para que entregue el vehículo a la persona que designe el ejecutante (nunca el ejecutado). No le den vueltas, se emplea a tal fin las normas que regulan el depósito tenga o no el bien la famosa reserva de dominio. 

Ahora bien, que ustedes prefieren hacer requerimientos para la entrega y cosas por el estilo y anotar en el Registro anoten y, si tienen una reserva de dominio mejor que mejor, que al paso que vamos, junto al recurso de apelación alguien inventará un recurso de alzada ante el Registrador de la Propiedad que por turno corresponda y, de hecho parece que lo andamos buscando así que me da que los siguientes serán los administradores de fincas en relación a las certificaciones del monitorio. Eso sí tengan cuidado con las anotaciones en el Registro SIGO de la Guardia Civil que alguno la pide y en civil no toca (salvo mejor opinión)

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