Nada nuevo bajo el sol, cuando nunca estuvimos acompañados.


Cuando los compañeros destinados en Cataluña reclaman que algún superior les eche una mano por escrito a su moral o les cuente, de la misma forma, que ahí está para lo que sea menester cuando las cosas se pongan feas (que ya se han puesto para algunos Juzgados), claman en el desierto. Hace un par de semanas y después de ver y leer la inmediata reacción de las Asociaciones de Jueces contra la sucesión de despropósitos que aprobaba la Asamblea Legislativa de Cataluña, pregunté si no era posible que nuestras Asociaciones hicieran lo propio y aunque fueran detrás, que siempre van detrás, tenían la oportunidad de dejar de jugar a sus cosas, -que nunca son las que nos interesan a la mayoría-, redactaran un par de párrafos y pusieran arriba, debajo o donde cupiera el logotipo de cada organización. 

No fue posible y aunque sabedor de la imposibilidad y más con la absoluta politización que nos invade, aún tenía la remotísima esperanza que se copiara a Jueces y luego a Fiscales, porque no deberíamos olvidar que el comunicado conjunto de los primeros se citó por el Presidente del Gobierno en la comparecencia del día 20 de septiembre. Dos días después una compañera tuvo que salir de un edificio por el tejado y según cuenta la noticia, saltando un muro. ¿Saltando un muro? No sé qué parte del Reglamento que tenemos se dedica a la forma y modo de saltar muros, ni por supuesto qué artículo regula el uso de pasamontañas en los registros, pero si esto sigue así y tiene visos a corto plazo, deberíamos tener claro que estamos solos, como lo estuvimos siempre, porque nunca estuvimos acompañados. 

Esto no es malo, ni bueno, es lo que tenemos desde que la jerarquía fracturó el Cuerpo en dos y no tiene solución. El mensaje ha sido claro y rotundo: los Jueces están al mando y no hace falta que nadie más se pronuncie en ningún sentido. Y esto bien mirado puede ser una suerte para los compañeros afectados y en el fondo para todos. Escribo suerte porque quien va a poner la cara, la resolución y la firma en las próximas diligencias previas será otro Juez y si otro compañero tiene que saltar un muro o llevar el pasamontañas con la carpeta, el bolígrafo y el móvil, será otro Juez el que quizá tenga que hacer una llamada de teléfono recordándole a alguien sus obligaciones. 

La diferencia, puestos a buscarla, es que el Juez tendrá – tiene- detrás a sus Asociaciones y por arrastre al Consejo General del Poder Judicial y, nosotros las cervezas de los compañeros del partido judicial o, de limítrofes o, del novio o, la novia o, de otros compañeros y compañeras, incluido quien firma estas líneas, que siempre está disponible para tales menesteres. O para una llamada poniendo de vuelta y media a quien le toque, que eso nunca le viene mal a nadie, siempre que el interlocutor escuche y no se dedique a incendiar lo que ya arde. 

Vivimos una situación excepcional en la que una clase política de currículo inexistente en todos los colores y en todos los idiomas ha obligado a intervenir al Poder Judicial y, en la que el principio de jerarquía en el Cuerpo se ha aplicado según el criterio de quien la ejerce. No creo que nadie pidiera otra cosa que unas palabras recordando la función, que no el mérito y el respeto que exige su ejercicio y solo han, hemos, recibido un silencio muy ruidoso. No nos podemos quejar de soledad cuando nunca estuvimos acompañados, así que nada nuevo hay bajo el sol.

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