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Felipe II y la reforma de la Justicia: un análisis para no pisar charcos.


Andaba dándole vueltas a la formación informática de dos horas en los salones de actos o, en las salas de bodas de los edificios judiciales, que solo sirve para echar un vistazo a los compañeros, sin barra de bar por medio o en medio y a que gracias a Dios, ni pilotos, ni capitanes de barcos gozan de dicha suerte académica, cuando entre cláusula y cláusula abusiva y monitorio de reclamación de gastos de propiedad horizontal, me ha venido a cuento lo mucho que hemos avanzado en esto de la reforma de la Justicia. 

Observen. No puede hablarse de la transferencia de la casa a pedazos a las Comunidades Autónomas, pese a que según las zonas tengamos seis, siete u ocho velocidades y alguna vaya de paseo de la mano de su enamorado; tampoco del éxito o del fracaso de las cientos de reformas legales que nuestro legislador, –al que no tenemos el gusto, porque no nos lo han presentado– publica y olvida; imposible aventurar una opinión sobre el funcionamiento de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, ni sobre la legislación que los sustenta; mal asunto el de tratar de racionalizar la ubicación de los órganos judiciales y su número, aunque sea imposible que haya uno al lado de cada Mercadona o, frente a la parada del autobús del cole de los niños; dejaremos para mejor ocasión lo de las tasas y la gratuidad de la justicia, gratuidad que, por cierto, pagamos todos; y quizá para otro año podamos dedicar algún segundo, no más, a las licenciaturas de derecho, si es que se siguen llamando así y a las ochenta y tantas facultades que tenemos en España. 

Así mirado y aprovechando la ola podríamos dedicarle unas líneas a las cláusulas abusivas, que creo que casi nadie ha estudiado en los últimos años, pero su relación con la reforma de la Justicia es discutible, salvo que mejorásemos el sistema de los siete Magistrados que por rotación han intervenido en Valencia en cada uno de los Juzgados de Primera Instancia. Y escribo mejorásemos porque dejaré para otro momento, que nunca llegará, la opinión sobre la diferencia entre las famosas preferentes y las acciones y, el curso procesal de cada asunto, que no pasa de los cinco minutos. 

Total que llegados a este punto creo que lo mejor es que nos centremos en Felipe II y su Consejo de Castilla y su indiscutible relación con la Nueva Oficina Judicial, aunque ahora que lo pienso no contaba uno con las nacionalidades actuales y sus historias y, como se me está haciendo tarde y veo próximo un charco cercano, por volumen, a un pantano, parece oportuno que también dejemos este análisis para mejor ocasión.

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