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Felicidades y gracias.


Y muy orgulloso que anda uno después que S.M. el Rey D. Felipe VI haya recibido a la 41ª Promoción de Letrados de la Administración de Justicia y no ya solo porque fui su orientador hipotecario durante una semana (lo de profesor o tutor me queda muy lejos) y los conozca -o, mejor dicho, las conozca, porque son ellas legión y nosotros la minoría que arrancó con mi promoción, la del año 1993-, sino porque por primera vez salimos de ese anonimato y de paso de la ignorancia que siempre aproxima al precipicio. 

Así que sí, estoy sumamente orgulloso por ellos y porque creo, además, que se lo han ganado. Es cierto, todos hemos opositado y nos hemos dejado años, muchos o pocos, delante de libros, fotocopias y apuntes y quizá alguna noche, colgados de algún cigarrillo y de algunas copas nos hemos preguntado sí merecía la pena tanta hora, tanto disgusto y la madre que parió al censo enfitéutico. 

No voy a contestar a esa pregunta después de casi veinticuatro años haciendo la estadística a palotes, pero lo que ha estudiado esa gente y el tiempo que lleva de prácticas teóricas, prácticas y medio pensionistas y el rigor con el que se desempeñan en las mismas, no tiene rival en ninguna otra promoción. 

Y encima se llevan bien; lo sé, quizá haya exagerado sobre esto último, pero miren dibujo un panorama que no esperaba encontrarme y aún a riesgo de incurrir en la exageración, creo que por una vez es el momento y el lugar. 

Así que felicitando también a quien lograra la recepción Real, esta misma noche van a caer un par de cervezas a la salud de la 41ª Promoción de Letrados de la Administración de Justicia. 

Un honor y un placer habernos conocido. Gracias y felicidades.

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