Del Monte Badón a una lluvia sin nubes (1994-2016)


Desde que entré en la casa interioricé – que diría el psicólogo- el complejo de galo vecino de Asterix y Obelix. El certificado de la fe pública me lo firmó Belloch y los sucesivos trienios Mariscal de Gante, Michavilla, Acebes, López Aguilar y Bermejo -ya que ando escaso de protocolo elijan los lectores el Ilmo. o el Excmo. para ubicarlo delante del apellido- y, salvo Mariscal de Gante, cuya honestidad reconozco porque nos ignoró “ab initio” y sin recato; los demás una vez agarraban el primer atril que les ponían a tiro, calificaban al entonces Cuerpo de Secretarios Judiciales de elemento fundamental para el desarrollo de la civilización occidental y para la reforma de la oficina judicial; cuyos cursos, como bien sabemos, corren paralelos, más o menos, desde el reinado de los Reyes Católicos. 

En aquellos años (1993-2004) cada mando traía bajo el brazo derecho o el izquierdo, la reforma definitiva de lo segundo que se le ocurría (recuerden que lo primero era potenciar al Cuerpo de Secretarios Judiciales) y así, se amontonaron las reformas del Código Penal, de las Leyes de Enjuiciamiento, del Menor y de la Ley Orgánica del Poder Judicial y, por supuesto, la introducción del Jurado, que por aquí querían tres, quizá cuatro personas, pero que quedaba muy contemporánea y permitía la convergencia con los países de nuestro entorno. Convergencia, que dicho sea, también buscó el Consejo General del Poder Judicial con ese Libro Blanco del año 1.997 y sus palmaditas en la espalda a los buenos chicos del Cuerpo de Secretarios Judiciales. Todavía recuerdo el aroma de la plantación de algodón regada por el rio Mississippi. 

No se vivía mal en la aldea. De vez en cuando había un festín con Asuracenturix, el bardo, atado al árbol y las guarniciones romanas de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum no pasaban del Boletín Oficial del Estado; además, como los manuales de instrucciones de cada invento venían en godo, o no venían, no pasaba medio año sin que los respectivos equipos ministeriales estuvieran ocupados con la segunda reforma de la primera reforma, que se suponía definitiva. Este quehacer no tiene nada que ver con Groucho Marx, aunque lo parezca, sino con la imposibilidad de romper un forjado a cabezazos, que suele ser lo tercero que se le ocurre al legislador (recuerden nuevamente que lo primero es potenciar al Cuerpo de Secretarios Judiciales). La costumbre patria de hacer los experimentos con dinamita, cuando lo apropiado es la gaseosa, logra resultados espantosos para el vecindario, pero tiene entretenido al legislador que así no molesta al funcionariado de las respectivas casas. Un sencillo ejemplo: la Ley de Enjuiciamiento Civil del año 2000, tan meditada y académica ella, se ha reformado ya en cuarenta y ocho ocasiones en los años 2002 (1), 2003 (7), 2004(1), 2005(1), 2006 (2), 2007 (2), 2009 (3), 2011, (8), 2012( 2) 2013(5), 2014 (6) y 2015 (10) 

Pero mientras engullíamos jabalís (aclaro que en los festines de la aldea se come jabalí), las Sentencias del Tribunal Constitucional seguían reforzando nuestra cultura y nuestro regreso a la Edad Media; ahora nos falta restaurar algún par de castillos, aprender a montar a caballo y a tirar con arco, porque de los lanzadores de las Baleares (fuerza auxiliar de cualquier Legión que se preciara) cualquiera se fía. O mejor, tirar de leyenda. Cuenta una de ellas que en la Batalla del Monte Badon fuerzas británicas, romanas y celtas derrotaron a una incursión anglosajona proveniente del norte aproximadamente en el siglo VI. La batalla aparece novelada por Massimo Manfredi en ”La última Legión”-cuya lectura sí recomiendo aunque se hace un poco pesada porque parece que Rómulo Augusto y su escolta nunca llegan a Britania-, que la convierte en leyenda, con una IX Legión que permanece leal a Roma y una espada Caliban de Julio Cesar que se convierte en la Excalibur del Rey Arturo. 

La leyenda se convirtió en pesadilla en el año 2008 con el caso Mari Luz y con la intervención de una ex compañera (lo de la cuña de la madera o algo por el estilo) buscando dos cabezas de turco, que provocó una rebelión de Jueces y Magistrados que siguió a la que ya habíamos iniciado nosotros; lástima que ellos siguieran y nosotros volviéramos a la aldea a comer jabalí. 

La reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial del año 2.003 y la posteriores de los años 2009 y 2015, nos han colocado muy próximos al vacío si es que alguno (o algunos) no han (o hemos) decidido cerrar la puerta y esperar a que el último apague la luz, pero parece evidente que no tendremos nuestro particular Monte Badon porque romanos, lo que se dice romanos, no se encuentran ya en ningún sitio. 

Esto no es malo, ni bueno, es el presente de un pasado que ha venido impuesto y, solo faltaba que a estas alturas de la película quien redacta estas líneas osara calificar o valorar (o empleen el verbo que les dé la gana) dicha situación. No, lo de pista que va el artista se lo dejo a quien ande sobrado de flexibilidad y musculatura y, más teniendo en cuenta la estupendísima situación que deben padecer los Letrados destinados en los Juzgados Mixtos, suerte de orden jurisdiccional que se distingue de los demás por la cantidad de experimentos de toda clase que se realizan en sus instalaciones. 

He escrito Letrados porque llegamos al final de la leyenda o, mejor al del cuento y si quieren que les diga la verdad no hay romanos, ni galos comiendo jabalíes porque estamos en un curiosísimo proceso de conversión al Ejército de Salvación, en el que faltos de banda de música, paloteamos la estadística, tecleamos números en una aplicación bancaria (ninguna administración gestiona fondos de esa forma) y hacemos de correa de transmisión de las más variopintas comunicaciones, circulares y avisos entre la jerarquía, toda clase de instituciones y la oficina judicial, con camino de vuelta en no pocas ocasiones. 

El aislamiento hace mucho en este sentido (no tenemos, por ejemplo, un correo corporativo para la carrera) y, por supuesto, sería imprescindible la existencia de puestos elegidos democráticamente (como los Jueces Decanos) que deba rendir cuentas hacia abajo y no hacia arriba y que no se crearan nunca, así que si lo piensan está lloviendo e incluso diluviando, pero no verán una sola nube en el cielo.


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