Haciendo amigos sobre LEXNET y sus incidencias.


Les pondré en antecedentes porque no les gustará la conclusión que ya anticipo; el disgusto, que no la conclusión, porque si no dejaran de leer después de esta primera afirmación y todo ego necesita atención. 

Mi ordenador (o, medio material de la justicia) tarda en arrancar, según los días, de siete a ocho minutos y el programa descatalogado de gestión procesal conocido como CICERONE de dos a tres; el desacoplado de la cuenta de consignaciones solo funciona bien con un navegador que ya han tenido a bien cargar en el sistema y, otro tanto sucede con el Punto Neutro Judicial. En teoría, cualquier cacharro de antepenúltima generación debería soportar cuatro aplicaciones en funcionamiento, pero por razones que uno ignora basta abrir el famoso libre office documental o, un PDF para que un día sí y otro quizá, todo se lleva a tomar por dónde saben; pantallas en blanco, Houston, Houston tenemos un problema y cosas por el estilo. 

Tampoco hay tarjetas de plástico con la firma electrónica y según caduca la firma, no el plástico, el afectado recibe por teléfono una contraseña para pezuñear en el teclado mientras le colocaban en la lista de pendientes del chisme; no sé sí el término pezuñear está admitido por la Real Academia Española, pero como la situación (ésta y todas las demás) refleja al pastor de un rebaño cuidado por un cuarteto de dobermanes no parece muy desacertado el susodicho término. Y todo esto cuando además, el DNI tiene un estupendo chip para tales menesteres que por lo visto puede sufrir alguna clase de menoscabo en su relación con la Justicia que no acierto a entender o, quizá sea que alguien en la taifa no puede echar mano al erario público con sus tarjetas y sus peculiaridades y sus emociones sentimentales de hace tres siglos. 

Y claro, no hay forma de trabajar fuera de los edificios judiciales. La red empieza y acaba en las sedes judiciales y salvo la aplicación de la cuenta de consignaciones, hay que ir con el USB por el mundo, trayendo y llevando resoluciones y documentos. ¡Quién dijo seguridad informática! 

Con este panorama formulemos ahora la pregunta: ¿había otra manera de implantar LEXNET que no fuera a gorrazos? No y el no es rotundo porque lo de poner un Juzgado al lado de cada parada de autobús y, tantos como paradas de autobuses haya en cada partido judicial solo se hace en España, a mayor gloria de una tutela judicial que relaciona la efectividad con la distancia, pero que no tiene ningún resultado a corto, medio o largo plazo. Eso sí, como nadie se echaba encima del creador de las unidades judiciales (cursilada donde las haya) y todo era hacer la ola, más bien maremotos, fue lo único que se hizo en Justicia hasta el año 2010. Que la estructura fuera la del siglo XIX, que no hubiera sitio al lado de la parada del autobús o que los ordenadores fueran de la generación de la Guerra de Cuba era lo de menos: ¡¡teníamos un Juzgado en la puerta de casa y había que celebrarlo!!. 

Y ¿cuál era la alternativa?, ¿esperar otro medio siglo a que el ejecutivo saltimbanqui de la taifa (perdón, de la Comunidad Autónoma) decidiera entrar en la red del Ministerio de Justicia? Les recuerdo que hay una Ley del 2011 sobre nuevas tecnologías que todo el mundo se ha pasado por el forro de sus abrigos y por otros sitios que no cito; que en España la lealtad institucional brilla por su ausencia; que las Taifas (perdón, las Comunidades Autónomas, ¡vaya con el corrector de textos) aplican las leyes del Parlamento cuando les viene bien y que aquí la gente apuñala por la espalda a su mamá por un sillón (basta observar el espectáculo que nos están dando en el Congreso los de la casta y los de la nueva política). 

Claro que hay mejores formas de hacer las cosas pero esto es España.

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