¿Qué Disposición Adicional regula las subidas de tensión, entiéndase como “ponerse de los nervios”?


Permítanme algunas licencias con el lenguaje de Cervantes. Cuando el Boletín Oficial del Estado comenzó a expulsar las tropecientas reformas legales, que pondrán a la Justicia española a no sé qué nivel en el mundo contemporáneo, faltó tiempo para que la vanguardia del nerviosismo apareciera en escena. 

Una de las ventajas de cumplir años en la casa es que basta una primera lectura de cualquier texto para saber si tenemos una chapuza de día y medio con la mitad de la escayola por el suelo o, una reforma de esas de revista de papel caro, con materiales que no se describir y con toda clase de innovaciones tecnológicas. Y cuento esto porque las dos últimas leyes que retocan el proceso civil (Leyes 19/2015 y 42/2015) y que nos han introducido en no sé qué planeta o estrella de la Guerra de las Galaxias, obligan a registrar a todo el mundo en el Registro Mercantil, a celebrar todas las subastas en la nube virtual y tienen más de escayola mal puesta, que de techo vaticano. 

La primera cosa, que aparece en el art. 551 LEC, consiste en morosear a cualquier persona contra la que se despache ejecución y dejando al margen que no se ha recibido comunicación de nadie sobre el cómo, el cuándo y el dónde (burocracia fundamental donde las haya) recordaré que existen supuestos de pago extraprocesal, errores, pagos en otros juzgados, simple mala leche cuando se evita el traslado de copias o, deudas por gastos de propiedad horizontal que provocan la presentación de varios monitorios y posteriores ejecuciones, que nunca se acumulan. Y por cierto, ¿las ejecuciones contra BANKIA por las costas que se han pagado en la cuenta del cliente también se anotan? 

Insisto, el cómo, el cuándo y el dónde es en este caso muy importante, porque mucho me temo que aprovechando que la Alianza Rebelde vuelve a encontrarse con las tropas del Imperio, nos llevaremos una sorpresa (desagradable) con los datos que va a pedir el Registro Mercantil a los purísimos efectos de la legislación concursal, faltaría. 

Y ese cómo, cuándo y dónde, no se lleva bien con la impaciencia, con las prisas y tampoco lo hace con la subasta electrónica. No les pongo el enlace porque se modificó (Ley 42/2015) la primera modificación (Ley 19/2015) antes de entrar en vigor la primera (Ley 19/2015) y todo ello con una versión desacoplada del Banco de Santander de la cuenta de consignaciones, que sigue con un color horrible y, que haría las delicias de cualquier mago que se precie (y no les cuento la razón). 

Será porque no tenemos subastas señaladas hasta fin de año (y más allá) y, porque el espacio virtual garantizará, segurísimo, el éxito de una venta en la que se pretende que cualquiera vaya a comprar lo que no ve, ni se sabe cómo está. Pequeño detalle que vuelve a pasarse por alto: el de lograr entrar en el inmueble, que lo haga el perito y que alguien le eche una fotos que luego puedan subirse a la nube virtual. 

Así que pidiendo disculpas por si algún lector se ha sentido molesto, como no he encontrado ninguna Disposición Adicional en las dos leyes citadas (ni en otras cuatro más de próximas fechas a las citadas, una de ellas la orgánica que me cambia el nombre) sobre cómo ponerse de los nervios o, de cómo perderlos, parece aconsejable cierta calma o prudencia. Y si hace falta esperar, se espera, porque la segunda ventaja de llevar años en la casa es que el Boletín Oficial del Estado y los Juzgados viven en mundos paralelos y separados.

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