27 agosto 2015

En España ni se lee, ni se debate, solo se berrea y se ve la televisión y con tales mimbres votamos.



Owen Jones es un periodista británico que ha publicado dos ensayos: Chavs: la demonización de la clase obrera (2011)” y El Establishment: And how they get away with it (2014)” que en España ha recibido la curiosa traducción de “El Establishment, La casta al desnudo”, en la edición de 2015 de Seix Barral. Y digo curiosa porque no siendo filólogo, lo de la referencia a la “casta” habrá de entenderse como una especie de llamada a la berrea y no al razonamiento, aunque supongo que el éxito habrá sido escaso teniendo en cuenta que son 475 páginas y no hay fotografías.   

He leído los dos textos y no solo habremos de salvar todas las distancias entre la situación española y la británica, sino el propio hecho que en España no hay Owen Jones en la izquierda, en la derecha o, en el centro; aquí solo hay eslóganes sobre los que luego trata de construirse una teoría, que evidentemente tendrá la resistencia de un castillo de arena, pero que quedará muy bien en una tertulia televisiva. Y, por cierto, los hay en todos los sectores y en ocasiones compartidos: en Justicia y Educación, por ejemplo, es la falta de medios, aunque sea ocioso definir qué entendemos por medios y como pueden mejorarse la justicia y la educación con los más medios.

Pero no solo es la inexistencia de Owen Jones en la España actual, sino que nuestro sistema educativo impide que aparezcan y crezcan, porque es más importante tener cinco equipos de futbol en la liga de campeones o tener ochenta y dos universidades, mientras toda la investigación suele hacerse fuera de dichos recintos o en países extranjeros; nosotros, por supuesto, nos quedamos con nuestras facultades de Ciencias Políticas, sus trabajadores del papel y sus resultados.


Lean la siguiente cita que extraigo del libro CHAVS:


Al igual que los que escriben y presentan las noticias, los pasillos del poder político están dominados por gente de un entorno concreto. «La Cámara de los Comunes no es representativa, no refleja al país en su conjunto», dice Kevin Maguire. «Es demasiado representativo de abogados, periodistas metidos a políticos, diversas profesiones, sobre todo profesores de universidad… Hay pocos que hayan trabajado en centros de atención telefónica o en fábricas, o hayan sido funcionarios municipales de rango bajo».

¿Profesores de universidad? Y esta otra, del mismo texto:


Dicho esto, el estatus inferior otorgado a muchos empleos no industriales puede ser terriblemente injusto. Parte del problema está en que hemos desarrollado una aversión por los trabajos socialmente útiles pero mal pagados. Esto es una consecuencia de la nueva religión de la meritocracia, en la que el rango en la jerarquía social viene supuestamente determinado por el mérito. El problema está en cómo definir «mérito». El grupo de reflexión de la Fundación para una Nueva Economía (NEF) publicó un informe en 2009 comparando el valor social de diferentes trabajos. El personal de limpieza de los hospitales cobra por lo general el sueldo mínimo. No obstante, la NEF calcula que —tomando en cuenta que mantienen los estándares de limpieza y contribuyen a mejores resultados sanitarios— generaban más de 10£ en valor social por cada libra que se les pagaba. 
Los trabajadores del reciclaje son otro ejemplo. Cumplen todo tipo de funciones, como evitar el desperdicio y promover el reciclaje, así como reutilizar artículos y mantener bajas las emisiones de carbón. El modelo de la NEF estimaba que, por cada libra gastada en sus sueldos, se generaban otras 12. Pero cuando el grupo de reflexión aplicó el mismo modelo a banqueros de la City —teniendo en cuenta los efectos perjudiciales de las actividades financieras de la City— estimaron que, por cada libra que se les pagaba, se destruían 7£ de valor social. La proporción era aún mayor en el caso de los ejecutivos publicitarios: 11£ libras destruidas por cada libra ingresada en su cuenta corriente. En la Gran Bretaña actual, se puede acabar teniendo un trabajo mal pagado y poco reconocido aunque la contribución que uno haga a la sociedad sea enorme.

¿Saben lo mejor de todo? Que el Capítulo dedicado en “El Establisment” al trabajo de la Policía (4. Fuerzas del Orden) mete miedo, pero miedo de verdad y sería muy conveniente su lectura para comparar con el que hacen en España la Policía Nacional y la Guardia Civil.

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