06 abril 2015

Y sí Jennifer quiere casarse gratis, ¿qué pinta en el bodorrio quien suscribe?


El pasado 5 de febrero de 2012 traté en este Blog el apasionante asunto de las bodas y separaciones notariales así que no se sorprendan si leen mucho del famoso copia pega, porque el asunto tiene nula relevancia jurídica en el atasco de papel de Juzgados y Tribunales. La situación provocó una carrera de comunicados en las organizaciones de Secretarios Judiciales sobre la jurisdicción voluntaria, en el que llamó la atención el del Sindicato y su manía – cuasi persecutoria- sobre la competencia, la función y la gratuidad. Dijo la nota – que no sé por dónde andará- que los Secretarios Judiciales estábamos preparados para casar gratis a Jennifer (un verbigracia, entiéndase) y, que eso mejoraba la igualdad en el acceso de los ciudadanos al servicio público. 

Hubiera sido conveniente ilustrarse sobre las bodas en los Registros Civiles antes de comunicar nada, porque la ceremonia consistía y consiste en la lectura de algunos artículos del Código Civil, la firma en un libro y llenar de arroz la entrada del Juzgado a ver si alguien se parte algo y, para tales menesteres estaba y está capacitado cualquiera. La organización representativa (de no sé cuantos Secretarios Judiciales titulares) actualizó la nota el día 1 de abril, que dejó de ser tal y se transformó en una declaración de intenciones en la que se afirmó la plena disponibilidad y capacitación del Cuerpo de los susodichos Secretarios Judiciales para asumir la dirección de un Registro Civil público y gratuito y supongo que a coste cero para tan preparadísimo Cuerpo Superior. 

Aunque lo que dejóme ojiplático fue la nota de la Unión Progresista de Secretarios Judiciales contestando a una de las habituales alabanzas del CISF sobre la materia y en la que se reiteraba la oposición de los Secretarios judiciales a los planes del Ministerio de privatización el Registro Civil, poniéndose a la cabeza de la manifestación para que los integrantes de nuestro cuerpo (jurídico y superior, olvido inaceptable) fueran los encargados del mismo. Bien andamos cuando vamos contestando las notas de los Sindicatos y lo próximo ¿qué será? ¿pegarnos en un semáforo o la salida de un bareto? 

Pues no, estimados compañeros, quien suscribe, ni está preparado para leer nada a Jennifer, ni quiere, ni le importa. Y a Jennifer (un verbigracia, entiéndase), tampoco, porque lo único que quiere es casarse de blanco, con su ramo de flores, su maromo trajeado y los invitados, muchos invitados, pero sin sacerdote y sin iglesia y, ahí tenemos un problema, porque con esa idea, todo el mundo quiere emparentar civilmente jueves y viernes y, haciendo el paripé ceremonial católico. Es como ese rollito de las bienvenidas sociales o algo así, con las que los giliprogres sustituyen Comuniones y Bautismos para que los nenes tengan los mismos regalos que sus primos. 

Y, por cierto, tampoco quiero expedirle cinco libros de familia a Jennifer (un verbigracia, entiéndase) porque perdió los cuatro anteriores sin haber hecho una mudanza ya que para eso se inventaron los cajeros automáticos. Evidentemente, eso no tiene nada que ver con la igualdad, el acceso a los Servicios Públicos, y la gratuidad de la justicia y menos aún, con la capacidad jurídica y profesional de nadie. Así que si Jennifer quiere un bodorrio, un convenio de separación y un quintuplicado del libro de familia, que pague, pero no en los Registros, en los Juzgados. 

Sí, que se pague, como se hace en todos las demás administraciones porque ese es el único idioma que se entiende de Pirineos para abajo y que se premie a los funcionarios que con más eficacia trabajen en el Registro Civil que ya es hora de dejar de igualar a todo el mundo por la mediocridad (única razón de la existencia de sindicatos de clase en la función pública incluyendo al que dice representar a los funcionarios).

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