«Del corralito financiero» y un Poder Judicial para el rebaño.


En 1991 Argentina igualó el tipo de cambio del peso argentino con el dólar estadounidense: un peso, por ley, era igual a un dólar. La medida provocó que las exportaciones fueran muy caras y las importaciones muy baratas y como estas aumentaron, hubo que pedir dinero para pagarlas. Mientras tanto el personal, que había sido animado a emplear dólares, ahorraba con esa moneda en sus cuentas bancarias. 

¿Cumplir la ley? El 1 de diciembre de 2001, el gobierno congeló todas las cuentas bancarias. Solo podían retirarse a la semana doscientos cincuenta pesos, siempre que la cuenta bancaria estuviera en pesos, porque si estaba en dólares, el titular estaba obligado a convertir los dólares en pesos. Eso fue el primer «el corralito», pero lo peor estaba por llegar. 

En enero de 2002 se produjo la devaluación de la moneda y se fijó un cambio de cuatro pesos por un dólar y además, se convirtieron todas las cuentas bancarias que estaban en dólares a pesos, eso sí, al tipo antiguo de cambio, uno por uno. Quien tuviera mil dólares en la cuenta se encontró al día siguiente con doscientos cincuenta

Tenga en cuenta, estimado lector, que Argentina es un país rico, muy rico, celebra elecciones y tiene gobiernos elegidos democráticamente, aunque estos modifiquen leyes y expropien a sus ciudadanos cuando tienen a bien y eso, por razones familiares que no vienen al caso, lo viví en el año 1996. Una mañana de septiembre salimos a pagar un impuesto con dinero que el dueño tenía en su casa, nos había advertido que solo los bobos abrían cuentas bancarias en el país y eso nos llamó la atención, pero cuando aparcamos en doble fila y vio a lo lejos a un policía, nos avisó: «- Tardaré poco. Si el policía se acerca no se os ocurra bajar la ventanilla, ni abrir las puertas, limitaros a enseñar los pasaportes». 

Esto fue lo que evitó la transición en España, porque en Venezuela, otro paradigma de «corralito social», se despide a los opositores en el sector público, se cierran periódicos, se expropian bienes y han llegado al desabastecimiento de productos básicos, pese a ser uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo. Supongo que esa situación quizá hasta excite a algún presentador de televisión, pero si creen que la iluminación arregla algún problema que no sea el de avisar de los baches de una carretera, tienen el perfecto derecho, pero ahórrenme el discurso bíblico. 

Y ahórrenme también el rollito del Poder Judicial independiente. Un Juez está para resolver conflictos, no para supervisar al Poder ejecutivo (o a los miles de poderes ejecutivos que ejercen mando en plaza incluyendo los alcaldes de todos los colorines condenados en los últimos años) ya que para eso está el Poder Legislativo. Pero claro, si el Poder Ejecutivo se come al Legislativo, se sirve como postre el Judicial y se monta un Tribunal Constitucional para respaldar en miles de folios el invento que por turno corresponda (el más reciente, el del Estatuto de Cataluña), no tenemos un problema, tenemos el problema. 

¿Por qué creen que los llamados a salvarnos de nuestro destino, comienzan a tirar contra la prensa no afecta? Conocen el paño, mejor dicho el rebaño y saben que en el poder, nadie que quiera salir en la fotografía mueve un dedo (consulten los sucesivos repartos en cualquier órgano político, administrativo o judicial), mientras que los que no queremos salir en la fotografía nos vamos al cine, de bares o la playa (consulten el porcentaje de voto en el referéndum del Estatuto Catalán). 

El problema no es la casta, es el rebaño y todo lo que hay fuera son lobos.

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