La reforma de la Justicia en la Cartagena de Indias del año del Señor de 1697.


Ahora que un Señor de la Coleta, profesor de Universidad en sus ratos libres (como casi todos los demás) ha decidido salvarnos de nuestro destino, les contaré una historia que nos define como pueblo y civilización y que permite comprender por qué no habrá nunca reforma de la Justicia y porqué los experimentos de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense de Madrid deberían hacerse con gaseosa y luego, en su caso, patentarse. Si se preguntaban para que sirve una Facultad de Ciencias Políticas no hace falta que investiguen más y eso que en tiempos creí que era de la arte contemporáneo o, que se dedicaba a una especie de publicidad guarra, porque entre pinturas, carteles y spray me da, así a ojo, que un par de fotos más del Che Guevara y el edificio se viene abajo; no hay pilar que soporte tanta reclamación, lloro, insulto o vociferación en mayúsculas. 

Cuenta Pablo Victoria que el 13 de abril de 1697 la Armada Francesa fondeó en aguas de Cartagena y después diecisiete días sometieron la Plaza y la saquearon. El asedio habría podido evitarse si Don Diego de los Ríos y Quesada, Gobernador de Cartagena, hubiese tomado las precauciones que le indicaron en dos Cédulas desde la Corte de Madrid ya que los servicios diplomáticos habían descubierto la intención francesa de atacar la ciudad. Don Diego hizo caso omiso de las advertencias y descuidó las defensas que por aquel entonces amenazaban ruina. 

Don Sancho Ximeno de Orozco, mandaba el fuerte de San Luis y a tal extremo llego la resistencia que los franceses enviaron a un soldado y a un monje para intentar la rendición del baluarte. El fraile se acercó a las derruidas murallas y gritó: 

–Traigo embajada para Don Sancho. Quiero hablar con él. 
Y Don Sancho respondió: 
–¿Qué queréis, buen fraile? 
–El Barón de Pointis os manda a saludar y a solicitar que entreguéis el Castillo –contestó el cura. 
–¡Decidle que mal puedo yo entregar lo que no es mío! –contestó Don Sancho. 

Y aquí interviene la famosa Justicia Española. Al gobernador de los Ríos se le abrió expediente de investigación por la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, nombrándose como Oidor a D. Carlos Alcedo y Sotomayor, a quien el gobernador De los Ríos intentó detener. El Oidor fue enviado cautivo a La Habana y allí fue liberado por el Gobernador. El Oidor elevó acusación ante el Consejo de Indias, que dispuso nombrar un nuevo pesquisidor, Don Julio Antonio Tejada, la destitución De los Ríos y el nombramiento como nuevo gobernador de Don Juan Díaz Pimienta. 

Mientras tanto la Audiencia de Santa Fe había nombrado como nuevo Gobernador a Don Pedro de Olivera. Por cierto, cuando Tejada (el nombrado por el Consejo de Indias) llegó a Cartagena ordenó la detención del ex gobernador, confiscó sus bienes, pero también los de Don Sancho Ximeno, a quien arrestó. Y por si no fueran pocos el siguiente Gobernador de Cartagena (cuyo nombre omito) ordenó que pusieran preso al pesquisidor Tejada. 

La Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá nombró a un tercer Oidor: Don Bernardino Ángel de Isunza y Eguiluz y mientras iba y venía la publicación oficial, el ex gobernador De los Ríos se fugó de la prisión sobornando a los guardias. El colega (disculpen la confianza) terminó en Francia obligando a Luis XIV y Felipe V a aclarar que este personaje no había tenido ninguna connivencia había tenido con el Barón de Pointis (el que había asediado Cartagena). 

En aquellos días Don Sancho Ximeno de Orozco seguía en prisión. Y ahora son libres de seguir mirando a la muchachada de la Coleta y de creerse lo de la reforma de la Justicia.

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