04 mayo 2014

Un barquito llamado “dignidad”(segunda parte de la posturita en defensa del consumidor)


Para el Geriatrico de Villáescusa (Madrid)

Hace muchísimos años tuve un Seat 124 DLS, blanco, matrícula casi capicúa de Madrid, letras BF, con una dirección asistida para hacer músculos de Stallone, mercenarios tercera parte (con este ocurrirá lo que con Clint Eastwood, lo descubrirá el personal cuando se vaya al otro barrio) y hace muy pocos estuve en una boda en la que aparecí con mi Renault Megane Scenic, de cinco marchas y color que no puedo precisar (es un verde con tonalidad que ignoro) y en la que nos vimos rodeados de BMW´s de todas clases, colores, tamaños y motores; una época en la que España era líder en la venta de esta marca; de todas las demás de gama alta y de eso que llaman SUV, todo caminos y demás acrónimos, de los que me da igual lo que signifiquen. 

En aquellos primeros años del todo vale no había consumidores, ni Unión Europea, ni cuestiones perjudiciales y me quedé sin fachada, porque un empresario (o quien fuera) nos quitó por la mano al encargado de terminarla y nos quedó el asunto como nos quedó: un gris asquerosillo que se despegó con el paso del tiempo y que nos ha tocado arreglar. De hecho en el Social donde estaba destinado tuvimos un interesante juicio del BANCO SANTANDER, que había despedido a un director de dos sucursales por saltarse todos los límites de riesgo(supongo que si sigue en la institución llevará ahora un marcapasos en el corazón y uno en cada oreja), cuando dos semanas antes del despido le habían premiado por cubrir objetivos; objetivos del tipo 80% en el préstamo hipotecario y el otro 25% en el personal que por turno correspondiera para el coche y los muebles.

Nadie sabía de las sentencias de la unión europea, ni de la transparencia, ni de los intereses de demora al 25%, ni de la cláusula sótano (la del suelo, cuando vas con más ocho cervezas que no sean coronita, que eso ni es cerveza, ni es nada) y por supuesto todo el mundo firmaba lo que le ponían delante de las manos, las narices o la parte del cuerpo que cada uno eligiera. 

Echo de menos el Seat 124 DLS, matrícula casi capicúa de Madrid y cuando me bebo algunas cervezas en Madrid con los colegas que estén de guardia, en el antiguo Bar González – tapas con aceite para camiones- que no lo lleva ya González, miro a la calle y todos seguimos teniendo los mismos coches que hace siete, ocho, nueve o diez años y hemos ido pagando nuestras hipotecas y los colegios de nuestros hijos y no sé si somos o no consumidores, pero dijimos que no al del BMW, al del todo-camino, al del préstamo de trescientos mil euros por ochenta metros cuadrados y al de la madre que los parió a todos (aprovechando el día) y desde luego ninguno de nosotros ganaremos un premio nobel, ni nada que se le parezca. No damos para tanto, no bebemos coronita y todos somos del Madrid.

No queda ningún BMW de los que me rodearon en aquella boda, ni supongo que tampoco estará el Jeque de guardia en la puerta y basta echar unos kilómetros por cualquier autovía para ver el bofetón que nos hemos pegado. 

Pocos años después descubrimos el concepto de consumidor y que las cláusulas que firmamos son abusivas, pese a que se hayan tolerado y consentido por el Banco de España a la cabeza y todos los que han venido detrás y, mientras un altísimo porcentaje de españoles procura pagar la mensualidad, no se soluciona el asunto de la valoración de inmuebles (qué es dónde está el verdadero problema), ni se aclara dónde van los bienes que se adjudican los bancos con dinero público, ni porqué se permiten las cesiones de remate a una sociedad del mismo grupo y, por eso, hablo de posturitas cuando se declara la nulidad de una cláusula que fija el tipo de interés en yenes o, de ejecuciones hipotecarias en las que el pobre consumidor solo pagó las tres primeras cuotas del préstamo

Y para no ofender a nadie, ni a ninguna abogada, terminaré diciendo que tengo en trámite un juicio ordinario en el que el banco no permite la dación porque sus servicios jurídicos se niegan o, que tengo pendiente la liberación de una vivienda a la que el letrado se opone porque no ha cobrado sus honorarios; orientativos y minutados por la cuantía de la ejecución hipotecaria, faltaría; por no hablar de las oposiciones a las suspensiones de los lanzamientos en la ejecución hipotecaria del SABADELL (¡anda, se me ha escapado!) y, en fin, lo de todos los días. 

Me parece perfecto que hayamos descubierto Europa, después de hacerlo con América, pero el problema lo tenemos aquí y no en la ejecución hipotecaria y, sería un detalle que comenzáramos a reconocer el esfuerzo que hacemos los que estamos pagando la hipoteca y los que se arriesgan a pedir una. 

Pero, claro, es una opinión.

6 comentarios:

  1. Ole tus huevos Madrileños. Firma, el Minnesotano Madrileño.

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    1. Ya sabes tío, cumplimos años, pero solo eso; seguimos siendo los mismos.

      Gracias.

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  2. David, tronco. Vente a Lisboa a ver al Madrid.
    Un abrazo muy fuerte.

    Bravas como las del Txiqui, ningunas.

    En fin, lo triste de tus comentarios, es que dentro de 30 años pasara lo mismo, la gente se dejara llevar por el pelotazo de turno, el consumo sin sentido y el dinero fácil aunque sea prestado al 25%.

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  3. Larga vida al Mata!!!

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  4. Yo tenía un Panda Marbella, que se se calentaba cada 80 km y tenía que para para que se enfriara no sé que cosa del motor . Eres un valiente, nadie en su sano juicio, se mete con los bancos. y dónde están los políticos que nada veían y todo lo consentían?
    Saludos

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    1. Estaban en los bancos; me explico todo el mundo miró para otro lado porque a todo el mundo le interesó mirar para otro lado. No hay más: lo que vino luego fue la consecuencia lógica de todo ello.

      Gracias.

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Gracias por participar. Si no lee una respuesta a la cuestión o pregunta que formula ruego me disculpe, tengo algún problema con la aplicación que estoy tratando de solucionar.