El principio de facilidad procesal.


Me comentaban que el último juicio arregla-corrupciones fue interminable con los abogados haciendo setenta veces la misma pregunta, con más de un testigo que se puso algo más que nervioso recriminando la aparenta sordera de algún togado y con un tribunal dedicado a la defensa del artículo 24 CE mediante el silencio. Porque para defender el artículo 24 CE no hace falta la acción, basta la omisión y dejar que los directores jurídicos de las defensas, las acusaciones y de los medio pensionistas hagan con el pleito lo que les dé la gana. 

Es el llamado principio de facilidad procesal al que más de un órgano colegiado se ha rendido y que acaba con cualquier juez de instrucción que no sea un superhéroe o una superhéroina en los dos tres primeros meses de grapar escritos y fundamentales diligencias de investigación, pero que explica muy bien las dilaciones que sufren las instrucciones penales y esos juicios interminables que ya tienen sentencia de los opinadores profesionales. El Consejo General del Poder Judicial anterior intentó cerrar el asunto con una especie de último recurso de revisión, en el que podría denunciarse la mala colocación de la penúltima grapa en la instrucción y ahí se quedó. 

Lo de civil ya es de premio o chirigota gaditana. Inundados en algunos sitios por esa estupenda gestión bancaria, nos encontramos con demandas de juicio ordinario del iura novit curia en modelo ad hoc, para luego subsanarse en la audiencia previa todo lo subsanable y alguna otra cosa que nos faltaba en la lista de la compra, mientras las contestaciones a esas demandas parecen hacerse al peso y por letrados muy educados que nunca saben si su testigo esencial trabaja o no en el banco. Si solo fuera eso, pues miren las reglas del juego, pero no, ¿por qué vamos a hacer sencillo lo que podemos complicar con un par de excepciones y unos testigos que no sabemos sí son, ni dónde están?. Instrucciones del cliente o de la clienta y unos juicios muy interesantes que permiten constatar hasta dónde llegó la corrupción y cómo todo el mundo uso y abusó hasta que todos los demás nos quedamos sin dinero. 

Y ¿qué pinta el Juzgado en todo esto? Nada, sencillamente nada. A los del penal les pagan por sacar papel, a los del civil por cascarles las costas a alguna parte, a los del social para traducir alguna de las últimas cuatrocientas reformas en decretos de urgentísima necesidad y a los del contencioso, no lo sé, que ya ando muy perdido con tanto monitorio y tanta justicia gratuita, que será muy gratuita, pero que nada tiene que ver con la justicia. 

Creo sencillamente que esto no tiene solución, ni derogando el artículo 24 CE, que algunos llevan tatuados en el pecho y además que no hay responsables. No, no hay ninguna contradicción ya que como diría el clásico: “semos así” y solo hace falta mirar la suciedad de las calles para comprobarlo. Cuanto antes lo entendamos y dejemos de vender la moto de la reforma de la justicia nos irá mejor, porque a este paso vuelven los corchetes.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidades y gracias.

El recurso de revisión contra las resoluciones del Secretario Judicial.

La nueva jura de cuentas y su impugnación.