03 octubre 2013

¿Limita realmente la tasa judicial el acceso a la justicia? (i).


Si dejamos al margen del debate el concepto de Justicia y el de jurisdicción y lo centramos en la puerta de un Juzgado veremos, sin solución de continuidad, que la tasa judicial responde a la famosa ley española del péndulo, que no tiene definición, pero si una secuencia temporal que comenzó cuando el movimiento del péndulo llegó a un extremo (cualquier cosa termina en un Juzgado) y que terminó cuando el péndulo, por una ley de la física que no explico, termina en el otro (Juzgados atascados y falta de dinero). 

En el recorrido se queda – o, el péndulo se llevó por delante- el derecho a la justicia gratuita y la deficiente gestión de las Comunidades Autónomas, pero esto es solo a medias, porque el primero consiste en pagar, pagar y pagar a los Colegios de Abogados y de Procuradores y de la segunda responde siempre el maestro armero; de hecho, es muy habitual que los gestores de la cosa pública judicial salten de puesto en puesto y, de derecho, que solo hayan sabido construir edificios (les llaman “ciudades de la justicia”) y eso, creo, tiene poco mérito, nulo esfuerzo intelectual y mucho de LEGO®. 

Llegados aquí más de un lector ya estará con él “y tú más”, el horario de los juzgados o, el maltrato del Juez del Quince, pero si hablamos de péndulo habrá que dar una explicación al movimiento y no a su ausencia; esto es, el colapso en los Juzgados no lo han provocado los funcionarios que se van una hora de cafés, ni los juicios que se retrasan una hora o más, ni el Juez del Quince y dramático es, que tampoco sepamos realmente la causa, porque seguimos sin tener en justicia datos fiables de nada, ni modo de obtenerlos a corto plazo. Y aquí entran en juego los volúmenes: (a) el de las modas (cesiones de créditos, ejecuciones hipotecarias, SWAP y ahora preferentes), (b) el de la necesidad (monitorios por gastos de propiedad horizontal, que se han triplicado) y (c) el del gasto (imposibilidad de seguir montando juzgados a la puerta de cada domicilio) y como quiera que los volúmenes no han disminuido, la solución ha sido echarle mano o, mejor garra, al bolsillo del ciudadano. 

Sí, claro, habría una primera y única solución: inmediata devolución al Estado de las competencias transferidas en Justicia y supresión de todas las Consejerías del ramo, pero luego es muy probable que me cayera de la cama y despertara al vecino del golpetazo. Y eso por no indicar que la red de intereses creados es de tal magnitud, que salvo imposición europea se antoja imposible esta devolución. Red o tela de araña en la que por cierto están los Colegios profesionales, que nada decían cuando el péndulo estaba en el otro extremo y ya se oían las primeras señales de alarma. 

Justificado el movimiento del péndulo y partiendo del hecho reconocido que España está llena de españoles, el Ministerio de Justicia no ha hecho otra cosa que seguir el ejemplo de la Dirección General de Tráfico. ¿Cómo educamos a quien no quiere ser educado?. Con multas o, en justicia, con tasas desproporcionadas y así, verbigracia, el Sindicato Chufla-Chufla que presentaba quinientas tres demandas en lo contencioso para reclamar el euro y medio de la paga del solsticio de primavera se lo pensara dos veces antes de hacerlo. No olvidemos tampoco que desde la casa se había reclamado con insistencia que se pusiera coto al abuso con el que se empleaba la Justicia (¿recuerdan alguna pretensión de justicia gratuita que se haya calificado de insostenible?) y frente a ello siempre se había sacado a paseo el artículo 24 CE, no una alternativa. 

El problema no se limita a la desprotección del ciudadano frente a la Administración, que es ahora máxima, sino a que nadie parece importarle, salvo a dos o tres Colegios de Abogados y eso también tiene su explicación. Nos movemos según nos tocan el bolsillo o, los privilegios y, después de sucesivas congelaciones o disminuciones de sueldo, a pocos nos importa si, por la tasa judicial el asunto llega o no la apelación; salvo, claro está, que uno sea el apelante. Pero eso lo dejaremos para otro día.

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