30 agosto 2013

La ejecución hipotecaria inmobiliaria: ¿puede evitarse la ruina del ejecutado? (ii).


Siguiendo el aviso colgado el día 22 de julio de 2013 sobre la publicación de un manual de ejecución hipotecaria, publico el PROLOGO de la obra, que sale a la venta el día 2 de septiembre de 2013. 

Más datos pinchando en los enlaces y en la pestaña de EJECUCIÓN HIPOTECARIA (más arriba) 

PRÓLOGO

Hace mucho tiempo un Banco despidió al director de una sucursal en una ciudad mediana. La causa del despido fue que había superado el límite de riesgo en la concesión de préstamos hipotecarios y respetando el máximo del 80%, luego completaba el 20% restante con un préstamo personal y, en ocasiones, el 20% llegaba al 30%, o al 35%. Refiero la anécdota porque tramité la demanda y redacté el acta del juicio y puse la misma cara de sorpresa que la Magistrado, cuando escuchamos que el verdadero causante del despido había sido el programa informático de la entidad financiera. Les he ocultado que entre la documental de la actora estaban varias felicitaciones de la dirección y que dos semanas antes del despido le habían premiado por los excelentes rendimientos de las dos sucursales (era titular en una y llevaba otra por sustitución). Pero días después el programa informático emitió una señal de alarma, que fue atendida por dos inspectores del Banco y solventada con una larguísima carta de despido (hablamos del año 2001). 

También ha llovido mucho desde entonces, pero la existencia de signos de la tormenta que se aproximaba, que no quisimos ver, es algo que no ha suscitado ninguna reflexión y antes al contrario, se pide la reforma de la Ley Hipotecaria y, por arrastre, de la Ley de Enjuiciamiento Civil, como si tuvieran alguna relación con la avalancha de ejecuciones hipotecarias que se registran en los Juzgados. 

Les cuento una segunda anécdota. En los mejores tiempos de la llamada “burbuja”, con una sola promoción inmobiliaria se facturaba más de lo que ingresaba el 80% de las pequeñas y medianas empresas en un año. No es de extrañar que cualquiera se dedicara a negocio tan rentable. 

No se arregla el despropósito con otro mayor o mirando a los Estados Unidos y a sus “hipotecas basura”, que no existen en España, porque el problema no es procesal, ni hipotecario, sino financiero, y las soluciones, las prohibiciones, los permisos o las sanciones, deben producirse en ese orden. 

Otra cosa es que haya aprovechado -y se siga haciendo- la ejecución hipotecaria para desplazamientos patrimoniales o adquisiciones a bajo precio, y contra esas prácticas bastan reformas de escaso calado o, incluso una aplicación distinta de la ley. Digo esto, porque otro efecto de la crisis económica es el desconocimiento del funcionamiento de la banca y de sus productos y ello se antoja esencial. Discrepo de pronunciamientos como los ahora famosos de la Audiencia Provincial de Navarra, pero tampoco es admisible que se favorezca la ruina del deudor y, desde luego el péndulo no puede continuar oscilando de esa forma. De hecho la última reforma por Ley 1/2013, que llega tarde para muchos ejecutados, no modifica sustancialmente la ejecución hipotecaria. 

Esa es la perspectiva con la que se aborda este trabajo. La ejecución hipotecaria inmobiliaria desde el mostrador de un juzgado y con miradas por el retrovisor a los notarios y a los Registros de la Propiedad, porque tienen bastante que ver en la dificultad de vender los inmuebles fuera de la subasta judicial. Pero no solo se exponen los problemas que tenemos en la práctica, sino que se dan soluciones o, mejor dicho, nuevas interpretaciones, porque con la legislación actual –incluyendo la reforma por Ley 1/2013– es posible evitar que el malbaratamiento de la garantía real conlleve una deuda perpetua para el deudor. 

A partir de este momento, todo lo demás queda ya a la opinión y a la crítica del lector.

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