Inutilidades orgánico procesales que nos salen muy caras.


Si no fuera (o fuese) por el paloteo estadístico judicial, ignoro la razón por la que prosigue la recolección de sentencias, autos y decretos en papel, trimestre a trimestre y año a año, como si se trataran de aceitunas enormes o malas cañas de bambú, y aunque puedan servir de alimento a esos bichitos que salen del papel apilado, quien redacta se está quedando sin sitio de apilamiento. Y destaco mi ignorancia porque la Comunidad Plural que me obsequia con veintitantos grados en la chepa en verano y en invierno, no paga la encuadernación de tal ejercito de papeles a menos que renunciemos a las carpetas de los procesos o a sobres, con lo que si tenemos en cuenta que nadie (repito, NADIE) echa mano de ninguno de esos libros para buscar nada ¿no podría regularse de una vez el amontonamiento de papeles en las Secretarías, Oficinas, NOJES y demás organizaciones del ramo?. 

Pero si difícil es eso, lo de la “audiencia-previa-austriaca-que-le-gustaba-mucho-a-una parte-de-la-parroquia-procesal-universitaria-y-que-la-metió-doblada-en-la-LEC”, ya pasa de castaño oscuro. Aquí los únicos titulares somos la Magistrado y quien redacta, porque el resto son abogados sustitutos de los titulares del asunto y habilitados de procuradores, que vienen a leer sus minutas de prueba y que entran en modo de “pánico”, cuando la Juez les pide alguna aclaración o rechaza algún medio de prueba. Alguno ha llegado a leer el recurso, porque previendo la solidez del medio de prueba había previsto la fundamentación de la impugnación. Eso son poderes y lo demás tonterías. Así que suprimiendo tal prescindible acto de puesta en común, el ahorro en espacio, tiempo y material sería considerable. 

Y sí, inteligentes lectores – si es que alguno de ustedes ha llegado hasta aquí- quien redacta sigue entrando en Sala y lo hace por varias razones: a) porque me da la gana; b) porque la toga me costó una pasta y le saco partido ya que no me dejan colgarle publicidad y c) porque no pierdo del todo el control del proceso. 

Vayamos con la visitas de mostrador. No hay gran empresa o administración que se precie que no tenga un número de teléfono “de pulse uno, dos o treinta y tres”, que le pasa con fulanito o fulanita, quien delante de una pantalla de ordenador resuelve su asunto o, le pone al borde del colapso nervioso. Menos en Justicia. En Justicia, cualquiera puede venir a cualquier hora a preguntar por lo suyo y, hay despachos especializados en dar la paliza mediante una sucesión de habilitados que aparecen en el mostrador todos los días (siempre, claro está, por orden del Abogado). La última moda es que quien aparece en el mostrador traiga uno de esos aparatos telefónicos cuadrados y si el funcionario pone algún reparo, intenta que pegue la oreja al cacharro y escuche las explicaciones del Abogado. 

Con dos horas al día de la llamada “audiencia al público” sobraría para contestar a lo que contestamos y hasta es posible que hubiera menos errores en el trámite y en sus resoluciones; eso o ponen de una vez un centro de atención telefónica e impiden que cualquiera pueda venir cuando quiera a preguntar por lo suyo (eso no lo dice la Ley, ni las consultas vinculantes de la AEAT).

Comentarios

  1. Desde el otro lado del mostrador yo firmaría por tener dos horas de atención al público y profesionales, y a cambio durante esas dos horas que no hubiese salidas ni para orinar. Es que voy con una lista de diez o doce cosas que quiero consultar y en tres horas no consigo ni la mitad, un@ ha salido a desayunar, otr@ a nosequé......

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