¡Hay idiota!, nos íbamos a echar unas risas si la castración fuera una costumbre.


Catalogo de IKEA.  

Les pongo en antecedentes. La semana pasada, un idiota, que hace las veces de profesor en una universidad pública española tuvo a bien justificar la ablación del clítoris como un rito o costumbre, próxima a otras, como la del Toro de la Vega de Tordesillas y, dado que una alumna contestó al citado maestro Ciruela, terminó el altísimo debate comparando el velo musulmán con las monjas y las cruces y, afirmando que prefería llevar el primero (el velo) antes que una Cruz. Polémica en la que, por cierto, también participaron otras tres alumnas, que embriagadas de conocimiento (supongo) o de botellón – creo que ahora tanto da en las universidades- abuchearon a la primera; y una cuarta, que aconsejó a su compañera que no siguiera, porque se estaba jugando el suspenso. 

Refiero la historia, no la viví y mejor así, tampoco daré otros datos sobre el memo ya que la relación entre el clítoris y los cuernos de un toro es sospechosa y puede haber algo detrás que ignoramos, pero no resisto la tentación de concluir sobre la anécdota, porque la historia de España jamás ha conocido tanto tonto doctorado y si antes era posible que una ardilla cruzara la península de árbol en árbol sin pisar suelo, ahora lo puede hacer de birrete en birrete en las ochenta y pico universidades españolas hasta llegar a Gibraltar. De algo tenía que servir tanto gasto en educación. 

Y generalizo porque no es un caso único. No se puede defender la ablación del clítoris en una Universidad y menos aún justificarla por razones culturales, salvo que el defensor de la teoría visite antes algún poblado que practique el canibalismo turístico o la castración sin anestesia, y regrese para contar su experiencia multicultural con graznidos agudos propios de la amputación. Pero eso es una batalla perdida, hoy cualquiera puede ser profesor de Universidad y lo que llaman concurso-oposición solo garantiza que quien más sabe o tiene mejor currículo, tendrá que irse al recurso contencioso-administrativo para ganar la plaza que le habrán dado a otro o, al tonto que motiva estas líneas. 

Lo de los pupilos tiene peor lectura. Que solo una alumna saliera a contestar al mamarracho explica algunas cosas. La primera es que convendría prohibir la ingesta de alcohol en horas de clase, el fumeteo de hierba o, que la tontería es contagiosa, muy contagiosa y el rebuzno de las tres asistentes (hasta para ser alumno hay que estudiar) responden a la sapiencia del profesor de la asignatura. Una especie de código morse, pero en basto. 

La segunda es el silencio culpable del resto del rebaño y aquí entra quien estuviera dormido, jugando con el último apaño tecnológico o pensando en el trasero de la ocupante de la silla delantera, porque quien propala estos mensajes tiene un largo entrenamiento detrás y muchas horas de audiencia de mudo rebaño y, en algún momento, todos habrán escuchado alguna necedad de igual o parecido calibre. 

La tercera es que las pensiones deben cambiar de régimen normativo y pasar del sistema de reparto al de capitalización, porque no hay obligación de jugarse la limosna que nos quede con tales personajes; ponerle velas a la Virgen o, invadir Gibraltar y rendirnos para hacernos británicos, porque vamos dados si estos deben coadyuvar para sacar al país de la crisis. 

Y una última cosa. El asunto es personal, pero ¡hay idiota!, nos íbamos a echar unas risas si la castración fuera una costumbre y te presentaran voluntario a la experiencia cultural. Ya verías el gustito, el mismo que debe producir la ablación que defiendes. Tonto. 

Catálogo de IKEA en Arabia Saudí. Más información pinchando en la imagen.

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