La llamada de asno: ¡Mourinho, Mourinho y Mourinho!.


Me lo contó ayer un entrenador de baloncesto. Partido escolar. Equipos mixtos de chicos y chicas de nueve y diez años. Destaca un chaval jugando de base – bueno, de todo, porque en esas edades se juega de todo- y que cada vez que cogía la pelota terminaba en canasta. Las dos entrenadoras del equipo contrario comienzan a gritar a sus chavales que le quitaran la pelota como fuera y se pusieron a la tarea. Para quien no esté versado en estos asuntos aclararé que el árbitro suele dejar jugar y que suele ser otro chaval, de más edad, pero chaval. Sigo con el relato. Después que el crio acabó tres o cuatro veces en el suelo, su entrenador se dirigió al banquillo rival para reprochar a las entrenadoras su actitud, encontrándose con el grito de ¡Mourinho, Mourinho y Mourinho! que asnaban los papás de los jugadores. 

Alguno de estos papás, indignadísimo por los recortes presupuestarios, acudirá a la llamada a la asnada que propalan los líderes de la izquierda y que a buen seguro solucionará los terribles problemas familiares que está padeciendo España. Así que después de demostrar una incompetencia sancionable por negligencia durante los tres últimos años de la llamada gobernanza social, los brotes verdes y chorradas de idéntico calibre intelectual, que no solo no mejoró, sino que agravó nuestra situación, resulta que ahora la solución está en incendiar las calles y en su desarrollo reglamentario (quemar de coches, romper escaparates, agredir e insultar, etc). 

Izquierda, sea dicho, en el sentido de la circulación, porque los gastos en peluquería, manicura, relojes, trapitos y casoplones iguala y supera a sus compadres de la derecha y a todos los que van de equidistantes. Eso, de momento, es lo que nos salva, el ejemplo de todos esos lideres que llaman a la selva desde el coche oficial. 

¿Y para cuando la llamada al estudio y a la inteligencia?, ¿y al trabajo?, ¿y al respeto al vecino? y a la ¿puñetera cordura?. Quizá esta era la finalidad última de tanta reforma educativa del mismo lado: atender con prontitud a la llamada de la asnada y no hacernos ninguna otra pregunta por si nos duele la cabeza. 

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