Treinta y seis años nos contemplan: 1976-2012


Hoy toca poesía contemporánea. He visto bicicletas de una rueda junto a revistas porno, espadas de todas clases, alguna pistola de juguete que de juguete tenía las ganas; martillos, ganzúas, cizallas más grandes que el guardia civil que las arrastraba, escudos del águila de todos los tamaños; cintas de casete, discos duros y blandos; tocadiscos; gorras china de la NBA que metían miedo; bolsos y bolsas y televisiones de museo. 

He llegado a ver botes de acido – o lo que fuera aquello- que vertían líquido sobre aparatos de música estratégicamente situados por algún fenómeno en la vertical de la caída del flujo, con lo que el acido sonaba y la música olía. Ejércitos de teléfonos móviles, baterías de toda suerte y condición, aperos de labranza; cientos de libros, computadoras (el antecesor del ordenador), radios grandes y pequeñas y montañas de ropajes falsificados. 

Escasos de cultura de escaparate y de calle Serrano en Madrid, más de uno ha colocado Joyas en archivadores de cartón y bisutería en la caja fuerte y hasta creo que algún perito metió la pata identificando pulseras, anillos, relojes y colgantes. Calculando indemnizaciones a ojo que nunca se pagan, porque aquí, mientras no se demuestre lo contrario, todo el mundo es insolvente y con derecho a la justicia gratuita. 

Es un depósito judicial, regulado en el Real Decreto 2783/1976, de 15 de octubre, sobre conservación y destino de piezas de convicción y en la Orden de 14 de julio de 1983, sobre depósitos judiciales para la conservación de piezas de convicción. Treinta y seis años nos contemplan, y no nos agobiemos que ya no tenemos edad para determinadas cosas y se antoja esencial la reforma de la justicia, que va camino de debate filosófico de altísimo nivel, con mesa, mantel y poco más.

Comentarios

  1. Pues este de la foto está bastante ordenado ... Se te plvidó la hamaca de playa y la pierna de maniquí .

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  2. He sido muy cauteloso y educado en la selección documental.

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