05 enero 2012

Los Reyes Magos no dejarán este año en el salón un par de tetas


Lo de la crisis económica que nos tiene poniendo velas a la Virgen, tiene un cómodo asiento en la inexistente espiritualidad y creencias del humanoide occidental que tiene siempre en la boca la palabra “valores”, sin saber lo que significa. Y ello me lleva a buscarme una causa de abstención por enemistad manifiesta (artículos 446 y 219.9 LOPJ), para la demanda por los implantes de tetas que puede caerme en las próximas semanas. 

El problema de la sociedad española no es económico y tampoco lo era hace años, cuando entrabas en un restaurante y sufrías en la mesa de al lado a los papas cuarentones con dos nenes jugando a las maquinitas, mientras ellos jugaban con sus móviles, movían sus melenas (ambos) de diseño – aunque fuera de Mercadona, sin marca- y calzaban sus apretados vaqueros juveniles. Y así, el asunto solo podría ir a peor, porque una cosa es cuidarse y otra bien distinta, que los papas cuarentones no quieran ser padres, ni cumplir años, haciendo muchos deportes, echándose muchos mejunjes olorosos e implantándose cualquier cosa para tratar de parecer lo que no son. En suma: ¿cómo le vamos a negar a la “niña” un par de tetas si solo ha suspendido tres asignaturas?. 

La cirugía reconstructiva me parece un arte y los profesionales que la practican deberían tener una calle en cada uno de sus pueblos, de la plástica me guardo la opinión, porque si los “papas cuarentones que no quieren ser padres” llevan a su cría a su consulta a colgarle un par de kilos más a derecha e izquierda y, el doctor aplaude la idea y no manda a los tres al psicólogo de guardia del hospital más cercano, poco respeto merece el citado doctor. Eso por no hablar de la mujer que solicita más volumen porque el maromo tiene poco donde agarrar o, de aquella otra que se ve más femenina con una ensanchada redondez, como si la feminidad tuviera que ver con el algebra. 

Sí, claro que soy beligerante con esta clase de cirugía y más en los casos en los que no soluciona ningún defecto, amputación o malformación física y sólo consigue “embellecer” a la paciente. ¿Embellecer?. Esta mañana he escuchado por radio como una “mama” no identificada se quejaba porque no le hacían caso en la clínica en la que le habían puesto las tetas a su hija y, se quejaba poniendo el ejemplo de la lavadora: - si la lavadora no funciona, me la cambian, puesto esto es peor, decía la señora. Eso es, peor. 

Por lo menos este año los Reyes Magos no dejarán en el salón de muchas casas un par de tetas y deberemos conformarnos con lo que Dios nos ha dado.

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