Una definición atemporal de un Secretario Judicial



Vestía de negro, como abogado o funcionario, no ceñía espada y se cubría con sombrero de ala corta. Su aspecto recordaba a esos cuervos siniestros a los que sueles encontrar junto a jueces e inquisidores, escribiendo renglones que no tardarían en complicarte la vida. Entre las primeras cosas que yo había aprendido junto al capitán, bien a mi costa, se contaba recelar menos de quienes se limpian las uñas con cuchillos de diversas hechuras – unos para cortar bolsas, otros para matar puercos y otros para matar a personas- que de esa ralea vestida de negro, hábil en cebar horcas, cárceles y cementerios con una pluma de ave, un tintero y unas resmas de papel.

El Puente de los Asesinos, Arturo Pérez-Reverte, página 17.

Si que ha cambiado el asunto ¿verdad? y se supone que el compañero se encontró con Alatriste en el año del Señor de 1627. Si quito el ordenador y las ruedas a mi silla y me pongo un sombrero, 1627, quizá no, pero de 1700 no pasamos.

He pedido de palabra que me dejen poner publicidad en la toga. No reproduzco la respuesta porque estamos en horario infantil, pero si me vuelvo a cruzar con el capitán, me grapo en la toga el escudo de la Coca-cola y el del Santander, que habrá que distinguirse de tanta negrura y de la pluma, de ave, aclaro.

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