15 abril 2011

La memoria histórica de un Guardia de asalto (mi abuelo).



La memoria histórica del Ilmo.Sr. Presidente del Gobierno, la Sra. Vicepresidenta dimitida, Gibson y cuatro más consiste en echarle los muertos de la guerra civil al vecino de enfrente, porque todos estos y cuatro más, entienden la vida de esa forma: conmigo o contra mí. No vivieron el desastre de la Segunda República, ni han leído las memorias escritas en los años 50 y 60 por muchos de los protagonistas de aquel tiempo, en las que se reconocen aciertos y errores; sí, aciertos – que los hubo- y errores, muchos.

Y, llego la guerra civil – que tampoco vivió este conjunto de filósofos- en un país de profundas convicciones religiosas y a la que todos se vieron abocados por culpa de unos pocos. Creo que esos pocos (todos) terminaron en Méjico y la Unión Soviética, porque sabido es que los pirómanos nunca se quedan a ver cómo termina de quemarse el bosque. Menos uno, BESTEIRO, con MAYÚSCULAS, ese se quedo y por eso no tiene calles, ni reconocimiento social, ni le reconoce nadie.

Los gobiernos de Adolfo Suarez, Felipe González y José María Aznar, sin darse la mano, construyeron un ordenamiento jurídico dirigido a ese grupo de españoles “del otro lado”, con reconocimientos de grados militares, prestaciones sociales y concesión de nacionalidad (los últimos los de la Brigada Lincoln). Hasta que el Ilmo.Sr. Presidente del Gobierno se dedicó a reescribir la historia que no ha leido (memoria histórica, le llama) y a desenterrar los muertos que llevaban muchos años desenterrados y, mire le cuento una historia, que en realidad son tres.

Ninguno de los héroes del último minuto, ninguno, se enfrentó a Franco – por si acaso, no fuera ser que se escapara una torta-; ninguno, ninguno, sabe que cuando se fusilaba a alguien se avisaba a la familia y esto ocurría en un lado y en otro, porque no hubo dos bandos, sino dos lados y una panda de miserables que provocó la guerra civil. Por eso, no encuentran los restos de GARCÍA LORCA, los de tantos otros que suponían que descansaban en paz y los de los TREINTA Y SEIS AGUAFIESTAS de Pérez Reverte.

Tercera historia. Un guardia de asalto en Madrid 1936-1939. El abuelo de quien esto suscribe y, a mi abuelo, ya muerto y tranquilo, ninguno le lleva la contraria; él se quedó; otros no. Y mi abuelo nunca habló bien de la Segunda República.

No sé que se celebra el 14 de abril, ni me importa. Ni soy un ciudadano del mundo, ni creo en la paz de las pancartas y de las palomitas.

Video. La Legión y el Cristo de la Buena Muerte.

1 comentario:

  1. Es el sectarismo de un Gobierno de chiste.- El Traslado es impactante, extraordinario .. El enlace con Reverte también ...

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