28 octubre 2010

Hoy toca hablar de mi libro.




Llevaba tiempo dándole vueltas al asunto y hoy he decidido reconocer que no tengo abuela y echarle unas líneas a mi libro (quizá único). Porque, digámoslo ya, es un estupendo estudio dedicado a una de las materias más sencillas a la par que enrevesadas del proceso civil: la ejecución.

Dejando al margen las ejecuciones de título no judicial (Bancos y Cajas de Ahorro como principales clientes de los Juzgados); en el resto, el demandante se lleva una buena sorpresa cuando se cree que con la Sentencia se ha acabado el asunto. Pues no, ni el pleito termina con la Sentencia, ni esas pólizas de crédito, préstamo o lo que sean, que se han firmado por estos lares, valen de mucho si el ejecutante no tiene claro que quiere o pide y, si el Juzgado no anda rápido.

Y aquí llegamos al principio de un interesante camino de obstáculos prefabricados, por una larga tradición histórica del principio dispositivo (o sea, del pido lo que quiero, como quiero y cuando quiero y usted lo hace) y de la edad de la piedra (hasta el año pasado no hemos tenido acceso en tiempo real a las bases de datos de la AEAT y de la TGSS).

Evidentemente podemos hacerlo complicado – otra larga tradición histórica del proceso español que quebró la reforma del proceso laboral del año 1995-, pero entre ustedes y quien esto suscribe, no parece de recibo a estas alturas del partido. Es sabido que la LEC 2000 olvidó la ejecución (sí, claro, la profundidad con la que se trata la oposición es inversamente proporcional al número de ellas que tramitamos) y la del 2009 no lo ha hecho mejor, pero no está justificado que las pocas puertas abiertas no empeñemos en cerrarlas vistiéndonos con ropajes propios del Siglo XIX.

Con ese propósito está escrito el magnífico manual que ocupa estas líneas, que contiene respuestas y citas jurisprudenciales de esas que nunca se refieren en sitio alguno, pero que en los Juzgados nos vienen al pelo, porque nos sacan de un recurso de reposición o de una petición que nos suena a chino.

Así que ya lo saben, tengan cuidado ahí fuera, adquieran un ejemplar (hay dos enlaces en el BLOG con información), disfrútenlo y no fotocopien. Sobre todo, no fotocopien.

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