Anda triste el gatito micifú: se rechaza su verbalito de 175,00€.

Un Juez de instancia ha rechazado la demandita que el dueño del gatito “micifú” presentó contra una clínica veterinaria. Entiende el magistrado que el gato y el dueño del gato no guardaron el oportuno reposo, empeorando el postoperatorio y que el vuelo del gato “micifú” contra el televisor, cuando en el postoperatorio trató de calzarse un pajarito de dibujos animados que aparecía en la pantalla, no mejoró la situación del gato, del dueño y del televisor.

Rechaza el Magistrado la “mala praxis” alegada por el abogado del dueño del gato “micifú” y afirma que pese a las advertencias médicas, la demandante – el dueño- no adoptó las precauciones necesarias para que el animal no hiciera ejercicios violentos, ni le obligó a hacer uso del collar “isabelino”, retirándoselo primero y recortándoselo después. Intervención que permitió que el gato “micifu” hiciera una pequeña obra de arte con los puntos de la sutura y terminará de arreglarlo cuando se estampó contra la pantalla plana.

Desestima el Juez, por último, otro de los fundamentales alegatos de la demanda de “micifú”: la falta de información sobre el postoperatorio de un gato, que se rebatió en el juicio oral por dos veterinarios y una enfermera de felinos, pero que no quedó clara por la falta de documental (faltaba la huella felina en el consentimiento informado, que tampoco estaba en autos). Afirma el Juez, contundentemente, que si cualquier persona sabe que tras una intervención quirúrgica es necesario que un animal esté quieto y no se toque la herida, con mayor razón debe saberlo quien ha dedicado su tiempo a la cría de este tipo de animales.

Conozco la tensión que en estos duros momentos se vivirá en la casa de “micifú” y, el desconsuelo sin consuelo del dueño del gato, que se presentó en juicio como “experto en la crianza de felinos”; pero solo es una batalla, una de tantas injusticias de los juzgados españoles. Pero ese sacrificado camino que se inició a los pies de un televisor, no ha terminado aún y, quién sabe, si “micifú” encontrara mejor respuesta en la Audiencia Provincial. Porque el gato “micifú” tiene derecho, como cualquier otro gato al acceso a la segunda instancia e incluso a que le sea nombrado abogado del turno de oficio.

Y uno se pregunta por qué las pantallas de los televisores son tan seguras para algunos dueños de gatos y que también, quizá, éste mundo hubiera sido mejor sin las tomas de tierra.

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