De mayor quiero ser gibraltareño


Una de las indiscutidas ventajas de rendir pleitesía a la Corona Británica es que no hay una relación directa entre la idiotez y las elecciones, de tal forma que el hecho de votar no te atribuye los cuatro años siguientes la condición de idiota. Idiota, cuando no oveja, porque los colores depositados en las urnas tienen mucho que ver con nuestra introspección y si uno quiere ser oveja no le quitare el capricho.

Y viene esto a cuento no solo porque Inglaterra (y País de Gales) sea el único país que ha conseguido reformar su sistema judicial en diez años y con un éxito indudable – cuando tengan un rato piensen las razones por las que Londres sigue siendo la capital financiera del mundo pese al euro-, sino por el respeto al votante, considerado ciudadano y no idiota u oveja, según los colores. Ciudadano que además conoce a quién vota y le pide cuentas los días que tiene abierta su oficina electoral.

A la incautación del sueldo de los funcionarios públicos españoles acordada de un día para otro – como la reforma de la justicia- y publicada en el BOE al día siguiente, ha seguido la nada, porque el respeto a mi coeficiente intelectual, que otros no tienen, me obliga a rechazar el “esfuerzo colectivo” para sacar a España de la crisis. Tenía clara la cualidad de idiota, propia del votante español, cada cuatro años, no cada cuatro minutos.

Publica hoy
EXPANSION.com que el Tesoro británico había recibido 61.888 propuestas de los funcionarios de Reino Unido sobre cómo reducir el gasto público. Entre las ideas aportadas por los funcionarios públicos británicos en el sitio web http://spendingchallenge.hm-treasury.gov.uk/ se pueden encontrar desde sugerencias para instalar sistemas de apagado automático de los ordenadores de los organismos públicos cuando no se utilizan para ahorrar energía, a propuestas para dotar de mayor capacidad a las autoridades para perseguir el fraude, así como reducir el número de mandos intermedios en las empresas, sustituir el envío de informaciones internas en papel por el correo electrónico o anular los acuerdos con Microsoft para utilizar en la Administración software libre y sistemas operativos basados en Linux.

Seguí la reforma de la justicia inglesa desde el primer dictamen de Lord Woolf y se aceptaron múltiples sugerencias o propuestas en los textos legales aprobados, las instrucciones prácticas, el nombramiento de jueces y la constitución de tribunales así que, con la reducción del gasto público, sucederá lo mismo.

No me extraña que los gibraltareños se resistan, yo también lo haría.

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