La responsabilidad objetiva y la memoria histórica.


Las Sentencias del Tribunal Supremo que publiqué el viernes no son ninguna sorpresa para quien haya leído algo de historia de España. Aquí siempre hay un culpable, nunca un responsable y no es de extrañar que cuando se produce alguna falla en el sistema, no se pierda un segundo en cazar al funcionario – grupo A, quede claro- que estaba más cerca. Nuestra historia está repleta de acusaciones interesadas a quien pasaba por allí, para ocultar los errores, las omisiones o la simple ignorancia de quienes ejercían “mando en plaza”. Lo que sucede hoy, ha ocurrido siempre.



El 15 de septiembre de 1585 salió Drake de Plymouth con su escuadrón naval. El Marqués de Santa Cruz, fue llamado a consejo y su aviso fue que se enviase una carabela rápida a las Indias para advertir que Drake se dirigía a saquear aquellos puertos indefensos y que tomasen las medidas defensivas del caso (Discurso del marqués en Lisboa el 26 de octubre de 1585). El excmo. Sr. Presidente del Consejo de Indias, pidió opinión al Cardenal de Sevilla, Don Rodrigo de Castro (que no sabía nada del mar y que no había estado nunca en las Indias) y a este le parecieron “impertinentísimas y muy excusadas” las razones del marino (Carta del Cardenal al Presidente del Consejo de Indias; 15 de noviembre de 1585). No se avisó de la llegada del pirata y Drake saqueó Puerto Rico, Santo Domingo y Cartagena de Indias. Más aún, un pobre hidalgo portugués se apresuró por su cuenta a llegar a las Indias para advertir del inminente arribo del pirata inglés; pero el Presidente de la Audiencia de Santo Domingo, lo metió en la cárcel por alarmista.

El conflicto anglo-español por el dominio oceánico (Siglos XVI-XVII)”, Juan A. Ortega y Medina, 1992, páginas 215 y 216.


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