15 marzo 2010

Otra forma de hacer las cosas.


Kenia, 2008, centro de huérfanos Omwabini y tres chicas norteamericanas (blancas). Unas elecciones en el país, que dejan más de quinientos muertos y miles de desplazados; con el habitual panorama de grupos descontrolados (dos eufemismos) adueñándose de las carreteras para cobrarse antiguas deudas o, simplemente, provocar terror a machetazos.

El padre de una de las chicas recibe el habitual “estate quieto y callado”, que tan bien conocemos por estos lares, y trata de contratar un helicóptero, que además de caro, no encuentra. Pero el padre sigue sin estarse quieto. El final de la historia: gente de Blackwater (horribles mercenarios) evacuan a todo el personal del orfanato. Los ciudadanos keniatas y los huérfanos son recogidos por miembros de su iglesia en Nairobi.

Hasta aquí la noticia en prensa. Ignoro cómo se hizo la evacuación, que medios se emplearon y si se pidió algún permiso a alguien – incluyendo Estados-, pero sí tengo claro que cuando el Derecho no sirve, tampoco sirve cruzarse de brazos, ni alegar la bondad de la humanidad. Los cuentos infantiles son eso, cuentos infantiles y que no deberían salir de las librerías o del cine.

Posdata: la fotografía es un C-212 (hecho en España) de Blackwater en Afganistán.

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