11 marzo 2010

La independencia judicial del poder político















Desde el Siglo XIX llegamos tarde a cualquier sitio y por supuesto, después de inventar la rueda, la bombilla y la pólvora. Fernando, el Séptimo, gran amigo de Pérez Reverte y de Julián Marías (échenle un vistazo a “LA ESPAÑA INTELIGIBLE”), inició una carrera que no ha terminado, pero que va por muy mal camino. Los Jueces, rebelados a resultas de los Secretarios Judiciales, insisten en lo imposible, porque imposible es separarse del poder político sin reconstruir el Consejo General del Poder Judicial y, sin obviar la llamada del “saltimbanqui judicial”(hoy aquí, mañana allí y pasado, otra vez aquí).

El manifiesto por la despolitización del poder judicial no me parece ni bien, ni mal; me aburre. Como me aburre el de los Fiscales, que intentan subirse al carro y, si se ponen, el de los Inspectores de Hacienda (que no se si lo tienen) o, el de cualquier otro Cuerpo de la administración que se acuerde de Santa Barbará cuando ha dejado de tronar. Que me aburra, no quiere decir, ni mucho menos, que lo desprecie o que lo tome a chirigota: un último asomo de dignidad no le viene mal a nadie.

Tampoco lo critico. El papel de damisela ofendida que se atribuye alguna organización de Secretarios Judiciales es incomprensible y más, cuando defendieron la sanción a la Secretario Judicial del Penal número 1 de Sevilla (eso sí, durante cuarenta y ocho horas).Otra cosa es la propaganda y ahí, guardo silencio, porque detrás de los unos y de los otros, ni sé lo que hay, ni en el fondo, me importa.

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